Angelita Gómez: «Hoy en día existe una gran técnica en el baile, pero a mí no se me pone el vello de punta»

Por trayectoria, relevancia internacional e influencia en el baile, pocas voces pueden hablar del Festival de Jerez con mayor propiedad y argumentos que la de Angelita Gómez (Jerez de la Frontera, 1944). Referente de Jerez, de la música, del arte y el baile. Con once años ya era niña prodigio, en los años 70 era figura de la época y desde la creación del Festival ha sido una de las maestras a la hora de transmitir sus conocimientos. Este año ha decidido dar un paso al costado y disfrutar del evento con mayor tranquilidad. Como ella misma dice: “Que me quiten lo bailao”.

 

Angelita Gómez, durante la entrevista en el Centro Andaluz del Flamenco. | ELG

-¿Qué papel juega la enseñanza en el Festival de Jerez?

-La enseñanza en el Festival es muy buena a nivel mundial. Vienen extranjeros desde las primeras ediciones. En los años 90 recuerdo que teníamos 25 plazas para las clases y había 23 japonesas y dos alemanas. Además, con un gran respeto hacia el flamenco.

-¿Cómo se organizan todos esos cursos y talleres?

-Al principio no eran cursos. Todo surgió con dos clases magistrales que se dieron en el Centro Andaluz del Flamenco. Una la ofreció Manolete y la otra la impartí yo. Los asistentes fueron el Ballet Andaluz dirigido por María Páez. Lo pasamos muy bien porque yo les decía que tenían que ponerse un poco lacios y dejar de lado la rigidez del ballet, para así transmitir lo que sentían en el corazón cuando escuchaban el soniquete de Jerez.

-¿Pero qué pasa con Jerez? ¿Por qué no se entera la gente del Festival?

-Desde el principio se ha contado con grandes maestros. Ha sido increíble. Impresionante, pero siempre hemos comentado que hay poca participación de españoles y de jerezanos. Este año hemos tenido una bonita iniciativa para llevar el flamenco a los barrios de Jerez mediante charlas. Se trataba de explicar y dar a conocer el baile, el cante y el toque de nuestra tierra.

-¿Cuál ha sido su papel este año en el Festival?

-Antes era como el correcaminos. Estaba en todos lados. Ahora tengo que pensar en mí y mi salud. Este año tomé yo misma la decisión, y cuando me llamaron para formar parte de la programación dije que no podía. Últimamente me tenía que tomar un tranquilizante cuando llegaba a casa, y … ¿qué necesidad tengo de eso? Ya no tengo que demostrar nada a nadie. Así que ahora selecciono y elijo los momentos en los que participo en el Festival.

-¿Cómo ve Angelita Gómez el baile a día de hoy?

-Hoy por hoy está en lo máximo. Existe una técnica impresionante, unas obras maravillosas pero que a mí no me revuelven ni se me ponen los vellos de punta. No. Veo un buen trabajo, pero no me llena. Creo que en el flamenco hay que transmitir. Ahora voy al teatro y todo es perfección, pero salgo vacía con muchos espectáculos flamencos. El día de la inauguración del Festival lo del Ballet Nacional fue impresionante. Salí del teatro con una gran alegría. Muy satisfecha. Había tanta belleza en escena que incluso me olvidé de eso que a mí me hiere.

-¿Cuánto tiempo debe tener el protagonismo una bailaora sobre el escenario? ¿Hay un tiempo estimado?

-Doña Pilar López me dijo que las bailaoras no pueden estar más de siete minutos en el escenario con unas alegrías. Una bailaora demuestra lo que es en cuanto sale al escenario. Ahora vamos al teatro y vemos una alegría que dura 15 o 20 minutos. Yo pienso que hay que respetar la base del flamenco y lo que hemos heredado. Otra cosa es que tú quieras hacer otro planteamiento y decidas realizar un espectáculo cambiando el nombre, y no le pongo flamenco. Digo que es otra cosa y hago lo que quiero.

-¿Qué buscaba Angelita en el cantaor?

-Yo buscaba que el cantaor me diera sensaciones. Yo salía y no sabía lo que iba a hacer. Esperaba el ‘quejío’ para yo ir para el cantaor. Después no te podía decir ni lo que yo había hecho. No me acordaba. Todo dependía de cómo ese día tuviera yo el corazón. Lógicamente había que tener técnica para luego expresar esos sentimientos. Lo hacía de otra forma, más ‘sentío’. Y con esto no quiero decir que hoy en día no haya sentimiento.

-Hábleme del taconeo que se ve ahora en los escenarios…

-La tecnología no para de progresar. Antiguamente se ponían micrófonos cerca de los pies, por los pantalones. Hoy en día los escenarios están preparados para captar perfectamente el sonido, pero yo opino que aquí lo bonito es hacer un zapateado musicalmente. No para hacer ruido. El día del espectáculo del Ballet Nacional vimos un precioso ejemplo del zapateado de Sarasate. Aquí lo importante es melodía, no ruido. Aquí estamos hartos de ruidos, de contratiempos. Yo quiero escuchar la guitarra, el cantaor y la bailaora. Lo demás me molesta. De todas formas, es lo que hay, es lo que se está haciendo y hay que respetarlo. A mí me gusta de otra forma, pero no quiere decir que yo lleve razón.

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